ILUSTRADOR Y ARTISTA
Luis Alberto Verona,
un rosarino con estilo
El dibujante de la ciudad cuenta sus comienzos en su oficio.
También transmite su interés por la arquitectura y sus gustos.
Por Damián Espíndola
Luis Alberto Verona, Chachi, es artista plástico e ilustrador de la ciudad de Rosaro. Trabaja desde 1994 en La Capital, como también hizo trabajos para diario Clarín, Página/12 y Perfil. Además incursionó en las revistas Los Inrockuptibles, Mística, Nueva y Lápiz Japonés. Eufórico hincha de Rosario Central cuenta a Bendito Lunes sus comienzos en su oficio, inspiraciones y cómo es vivir del dibujo.
- ¿Cómo empezaste en tu oficio?
- Yo estudié arte un par de años porque desde chiquito me gustaba el dibujo y apreciaba en especial las imágenes de los diccionarios y las enciclopedias antiguas. Más tarde, cuando estaba en el secundario, seguía con la cuestión de dibujar y cuando terminé, decidí que quería ser artista de algún modo, o sea, pintar cuadros y ese tipo de cosas. Entonces me metí en la facultad pero cuando pasaron un par de años me di cuenta que lo que me enseñaban ahí no era lo que yo quería. A mí me interesaba producir y tenía una necesidad interna de hacer eso, de hacer obras. Además, como también laburaba, mucho tiempo no me quedaba, por eso tenía que elegir entre encontrar mi propia expresión o seguir una carrera formal que no me conformaba. Igual yo seguí produciendo y después de los 30 ya había hecho algunas muestras de pinturas y dibujos acá y en Buenos Aires. Después de esto me di cuenta que tenía que encontrar una profesión que tuviera que ver con lo que a mí me gustaba y poder vivir de eso, fue así que intensifiqué la producción de dibujo y me propuse armar una carpeta y empezar a recorrer las editoriales a ver si podía trabajar como ilustrador. Es así que conseguí trabajos esporádicos hasta que empecé en Rosario/12 en la parte de diagramación. Después de dos o tres años comencé en La Capital.
- ¿Qué es lo que te llevó a dejar la carrera de Bellas Artes?
- En líneas generales, si bien me ha ido bastante bien, nunca me gustó la escuela. A mí me gustaba más aprender haciendo que estudiando. La facultad me parecía muy estructurada, como es cualquier institución, y eso medio que me jodía bastante y aparte el arte es una cosa sumamente creativa. Salvo algunos talleres, las otras materias no me gustaban. Sin embargo el día de hoy estoy leyendo bastante y aparte estoy dando clases.
- ¿Ves un progreso en cuanto a tus trabajos?
- Totalmente. Cuando pesás una hoja en blanco y después haces lo mismo una vez que yo dibujé, no debe cambiar en nada. Pero yo siento que ahí hay un montón de energía y cosas internas mías que necesitan ser canalizadas por ese lado. Yo hace 16 años que ilustro en La Capital y los temas se repiten siempre de alguna manera, como se repiten las palabras para contar las cosas, entonces yo también he echado mano de imágenes que son las mismas pero que están dibujadas varias veces y articuladas de formas diferentes con las otras maneras de la ilustración. Por eso es que hay que saber administrar las herramientas que tenés y eso siento que lo aprendí ahora.
- ¿Cómo es vivir del dibujo?
- Está buenísimo. No me imagino otra cosa aunque he laburado en otros lugares. También está bueno porque digamos que soy artista en el sentido que además de mi labor pinto, hago objetos, estoy siempre tratando de incursionar en lenguaje y en cosas que por ahí no son del todo familiares, aunque he hecho algunas cosas como la animación o la historieta, que es algo que me interesa. Y de alguna manera si no tuviera este oficio como artista en un medio de comunicación y quisiera dedicarme al arte, tendría que depender de obras o ganar un premio y estar más metido en ese mundo que la verdad no me interesa para nada. El ambiente del arte es como una cosa media insoportable (se ríe). Aparte me gusta encontrar una hoja de diario en el piso, ver un dibujo mío y sentir que la obra está viva. Además pienso que hoy los diarios son cualquiera, las noticias son cualquiera y mis dibujos también lo son. Ahí es que me divierto haciendo una obra que la gente pueda disfrutar y que se cague de risa.
- ¿Te inspirás según tu día?
- Sí, todos los días no son iguales. Hay días que por ahí se me ocurren más cosas que otros, pero pienso que la inspiración es así en general. El otro día leía un libro que cita una definición sobre éso, que decía que la inspiración era una marea, algo que va y viene, que el artista no lo puede manejar. Lo que hace el artista es cultivar herramientas técnicas para poder sacar las cosas, articularlas y construir la obra. Eso siento yo que es lo que me pasa.
- ¿Preferís algún trabajo que hayas hechos por sobre otro?
- No así puntualmente. Tal vez hay una serie de dibujos que me guste más pero no hay uno en particular. Lo que pasa es que si no me gusta lo que estoy dibujando no lo hago, lo tiro. Pero en general realizo lo que me gusta y dentro de eso sí hay dibujos que me parecen buenísimos.
- ¿Tuviste alguna vez una bajada de línea en cuanto a los dibujos?
- No. A mí me dan los temas y los hago. Con el tiempo nunca di lugar a que se planteen ese tipo de inconvenientes. O sea, en todo caso yo hago el dibujo que quiero y si no les gusta que no lo saquen.
- ¿Nunca se te dio por inclinarte a otra rama, como la arquitectura?
- Me re interesa, hubiera estudiado arquitectura. Lo que pasa es que a mí me interesa trabajar como ilustrador porque es un oficio que está presente y relacionado en el desarrollo de las cosas y de la gente, y bueno la arquitectura es lo mismo. Lo que a mí no me gusta del arte es lo de estar encerrado entre cuatro paredes. Es como una manera que tiene el capitalismo de resguardar la plata, pero en general no tiene un pedo que ver con la pintura ni con el contexto.
