Anoche, luego de pasar una tarde a pleno sol con amigos, me fui a comer a un resto de la florida, por allá cerca de la rambla. Llegamos, éramos 5 amigos y rápidamente, ya que el estomago lo pedía, entramos al lugar para poder degustar alguna que otra milanesa a caballo o pizzanesa.
Luego de subir las escaleras, cinco o seis escalones no más, ingresamos al lugar. Pronto me di cuenta que estaba en bermuda y remera mangas cortas y que cerca del río el viento sopla más fuerte. Es así como de pronto comencé a sentir bastante frío y cada vez era más intenso cuando más adelante la temperatura descendió bastante.
Sin embargo, por un momento sentí un calor agradable dentro de mí, específicamente a la izquierda de mi pecho, si por ahí cerca del corazón. Por qué se preguntarán, lo que sucedió fue que cuando nos sentamos en una de las mesas del patio, el mozo que nos recibe no era una “persona común”, puede que sus capacidades para hablar hayan sufrido algún mal estar o simplemente alguna enfermedad lo habría afectado. Es ahí cuando me di cuenta de lo bien que se sentía ese muchacho de aproximadamente 20 0 21 años. Nos acercó las cartas, nos puso los platos, los cubiertos y los vasos. Yo desentendido y sorprendido por lo que pasaba, sonreí lo mire fijo a los ojos y junto a mis compañeros y como un coro, le dijimos “gracias genio”. Nos miro rápido a cada uno y con una sonrisa nos dijo “de nada”.
Algo que amasé en mi cabeza mientras comía era que muy pocas personas con capacidades diferentes tienen la posibilidad de que los tomen en trabajos comunes. A pesar de esto me llenó de alegría que hoy pueda notar que un país diferente lo podemos formar entre todos. Es muy importante que esa persona, ya no tan diferente a nosotros, pueda sentirse importante y útil, aunque sea para alcanzar los platos y los cubiertos, eso ya es mucho para él. Ah!, me olvidaba. El resto se llama Gringos’s Pizzas.
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